… Del que aún no se sabe mucho

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La falta de privacidad digital

Desde no hace mucho, contamos con recursos tecnológicos que permiten que casi todo lo que hacen las personas quede registrado al instante en el ciberespacio y, más aún, son esas mismas personas las interesadas en que se difunda lo más ampliamente posible. Esta conducta está generando una masa de información personal cuya característica novedosa es su persistencia. Años después de haberse subido a la Red una foto comprometedora o expresado un juicio apresurado, allí aguardarán a quien quiera ir a su encuentro. Es preciso tener en cuenta que lo primero que se recordará es lo peor que uno ha hecho.

Lo que queda en evidencia es que al perderse la privacidad -por acción de la misma persona en su desesperación por exhibirse- se renuncia a la posibilidad de cultivar identidades separadas. Esto, que fue hasta ahora la norma, permitía que expresáramos diferentes aspectos de nuestra personalidad en contextos diversos. La tecnología de las redes sociales está fusionando esas identidades, hasta ahora independientes y privadas, en una sola “nube” pública y accesible para cualquier interesado, tendencia que se profundizará en el futuro. Es conocido el hecho de que antes de emplear a un postulante, muchas empresas de los EE.UU. ya exploran en Internet buscando información sobre él y su familia.

Esa pérdida del respeto por la privacidad no sólo responde al voyeurismo de los demás, sino que es alimentada por los propios interesados, quienes se vanaglorian de que sus opiniones y sus vidas cotidianas, por lo general carentes de toda relevancia, son “seguidas” por otras personas. Tal vez no advierten que por esa renuncia a su intimidad pagan un precio que, como en el caso comentado, puede ser elevado. El hecho de que Internet nunca olvide constituye una amenaza a nuestra capacidad de controlar uno de nuestros derechos básicos: la posibilidad de reinventarnos a nosotros mismos para comenzar de nuevo, demostrando haber aprendido de nuestro pasado al superar alguna conducta previa socialmente incorrecta.

El desafío actual es el de preservar el control de nuestras identidades en un mundo digital que recuerda todo y no olvida nada. Rosen comenta varios ejemplos de compañías que se dedican a analizar y modificar la información que existe en la Red sobre una persona. Describe estrategias como la del vencimiento programado y otras que tratan de evitar que los propios interesados cedan a la tentación de suministrar información que podría dañarlos en el futuro. Si no logramos desarrollar algún modo de “olvido digital” -hasta se ha propuesto una “bancarrota digital” periódica-, el perdón resultará imposible y también lo será la posibilidad de reinventar nuestra vida, una característica de lo humano.

Sofía Viana

Fuente:

http://www.lanacion.com

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Con los chicos, no

El constante ofrecimiento de imágenes e ideas, así como su rápida transmisión, a través de Internet puede tener obviamente tanto consecuencias positivas como negativas sobre el desarrollo psicológico, moral y social de las personas, y la estructura y el funcionamiento de las sociedades. En la actualidad, y por obra de esta herramienta maravillosa que es por cierto Internet, la juventud ha modificado su manera de relacionarse con respecto a como lo hacía décadas atrás. Así, los cibercafés se han vuelto para ellos el lugar de encuentro obligado. Los juegos en red, las salas de chateo, el correo electrónico son, en parte, las razones que aglutinan ahora a los jóvenes en estos sitios, que permanecen abiertos muchas horas en el día, algunos incluso durante las 24 horas.

Desde que Internet se convirtió en una red pública y tuvieron acceso a ella comerciantes de diverso tipo, la publicación de pornografía en páginas web comenzó a ser un grande. Numerosos cibernautas se enfrentan a diario con serios problemas como el hostigamiento, la pedofilia, el acoso y el robo de identidades. Los niños, niñas y adolescentes son las principales víctimas de estas situaciones, por la facilidad y libertad que hay en el acceso a la Red y sus herramientas. En este sentido, es de destacar la reciente sanción, en la provincia de Buenos Aires, de una ley destinada a contemplar esta preocupante realidad. Para controlar los abusos y reducir su acceso a la amplia y variada oferta existente en la Red, los cibercafés que funcionen en esa provincia deberán colocar en las computadoras filtros para evitar el ingreso de menores de edad en páginas pornográficas.

El autor del proyecto, Gustavo Ferrari (UCR), explicó que el objetivo de la ley es limitar el acceso de los menores cuando utilizan las computadoras en esos locales sin la supervisión de sus padres, en consonancia con la Convención sobre Derechos del Niño y la Constitución provincial, donde se establece que todo niño tiene derecho a la protección y formación integral. Por un lado, los propietarios o responsables de los locales deberán colocar los filtros en las computadoras con acceso a Internet disponibles para el público y, por el otro, las autoridades provinciales deberán contar con la suficiente cantidad de funcionarios que cumplan con la función de verificación y control.

En consecuencia, es de esperar un fuerte, permanente, decidido y honesto compromiso de las partes involucradas a fin de que la ley recientemente sancionada no se transforme en letra muerta y que, por el contrario, pueda cumplir con su cometido de manera de preservar a los menores de acceder a sitios cuyos contenidos resulten inapropiados para su edad, especialmente cuando no están bajo la supervisión de sus padres.

 

Sofía Viana

Fuente:

– Diario “La Nación”